Lo vi caminar por los pasillos y casi pude sentir la singularidad que brotaba por sus poros y se quedaba alredor de él, como si formara una atmósfera privada, solo para él. Varias semanas después le diría que me encantaba que no fuera una persona plural. Para ese entonces, ya hablábamos el mismo idioma, así que no tuve que esforzarme mucho explicándole que me refería a la particularidad de sus acciones.Un día, de esos que se te escapan con dos miradas al reloj, me hablo mientras yo leía una historia sobre las travesuras de una niña mala. Intercambiamos un par de oraciones y yo traté de actuar con naturalidad, como si no estuviese deseando con todas mis ganas que él fuera mi niño bueno.
Acordamos sentarnos juntos durante los días siguientes. Era el primer contacto que tomaba lugar fuera de los límites de mi imaginación, esta vez era real. Pero, aunque yo quisiera creerlo de inmediato, sería precipitado pensar que necesitaba mi compañía. Por eso, aunque yo ansiaba la suya, procuré incumplir nuestro acuerdo.
Creí que hay riesgos que es mejor no asumir, porque suelo perder batallas como estas mucho antes de empezar a combatir. No quería dar cabida otra vez al desgaste emocional que implica pelear y perder, querer y perder, tener y perder...perder. Prometo que no se me nublaba la mente cuando lo miraba. Solo lo seguía con la mirada porque... porque me hacía falta. Un lunes me leyó el pensamiento y me hizo preguntas sobre otro libro que yo leía en ese momento. Pensé que tal vez él solo buscaba un poco de conversación para evitar la soledad y lo que yo contestara no tendría la menor relevancia. Aún asi, yo queria decir algo que me hiciera especial ante sus ojos. Pero no se me ocurrió ningún comentario audaz y, a falta de una buena respuesta, tuve que contestar con el alma. Más tarde, cuando ya era de noche, estaba en mi cama, pense en él, abracé mi almohada y me quedé dormida, abrazada por un cuerpo que no estaba, que quizás no me deseaba.
En los próximos dias hablamos de temas inusuales y nos mandamos mensajes inesperados. Mientras yo empujaba mi espontaneidad y elocuencia hasta el límite, si es que tal cosa es posible, para que las conversaciones fueran perennes. A pesar de todos mis intentos sútiles, y aparentemente fallidos, por llamar y, a la vez, no llamar su atencion, aún tenia la cachaza de repetirme a mi misma que tenia todo bajo control. Nunca fue asi. Mi fuerza de voluntad equivale a un cero a la izquerda. Me consume la insoportable levedad del ser ( el libro que leia la segunda vez que me habló). Por eso siempre pierdo.
Llegó una celebración que causó muchas discrepancias entre organizadores y participantes. Se realizó en una de las noches más desafortunadas del año. A veces, me gustaria cambiar muchas cosas de esa nohe, pero eso alteraría la historia. No quiero explicar porqué me cuesta mucho reconocer que todo lo bueno y lo malo en mí es lo que forma todo lo que auténticamente soy.
Tengo pocos recuerdos significativos de esa noche. Solo recuerdo que bailaba y él no llegaba, Antes de llegar lo había llamado y prometió que pasaria a verme. Sí, a verme a mi. Debo reconocer que esta enunciación de su objetivo de forma tan natural fue la primera pista real que capté de lo que podria pasar. El primer indicio de que quizás no estaba edificando mis sentimientos en el aire, pero era muy pronto para saberlo. Ocurrieron cosas que no tenia previstas.
A él no lo vi llegar, solo lo vi ahi, junto a la barra y me acerqué con cautela. No se que dije ni que contestó. Lo próximo que recuerdo es que me alejé un momento del hombre de negro porque fui al baño a recuperar fuerzas. Nunca había bebido ni bailado tanto. Era un mundo nuevo para mi, me gustaba porque las risas eran más estruendosas y fáciles de compartir. Y, aunque eran producidas por un desinhibidor del sistema nervioso, algunas me parecian sinceras.
En el camino de vuelta a donde nunca habia estado, fui interceptada en la pista de baile. Sonaria muy trillado decir que me encontraba entre la espada y la pared. Por eso, no lo diré. Pero si es necesario señalar la alternativa ante la que me encontraba: Por un lado, los amigos con los que siempre habia compartido, quienes siempre habian estado conmigo; por el otro, la persona que me hacia sentir diferente. Es curioso como muchas personas intentan encajar, tratar de parecerse lo más posible a lo que la sociedad promueve como idóneo. Muchos tratan de ser igual a los demás. Todos plurales. Sin embargo, yo solo pensaba y huía de la homogeneidad hacia quien me hacia sentir singular, incluso puedo decir que algunas veces me hacía sentir especial.
Me miraba impávido, por eso yo no podia descifrar lo que habia en aquellos ojos que nunca antes me habian mostrado amor. Los mismos que hasta entonces no habian reflejado ningún sentimiento de deferencia. Me acerqué a él y no dije nada. El no hizo ningun intento de hablarme y yo no me atrevía a dirigirle la palabra, temerosa de un inminente rechazo. Justo en el momento en que creí que la situacion no podría ser peor, y como si no hubiese sido notorio mi repentino cambio de humor, se acerca alguien a bailar conmigo. Nisiquiera me inmuté, continué apoyada de espaldas en la barra y mientras mi especialmente singular personaje se alejaba, un amigo me mandaba al diablo por mi indiferencia al bailar. Y la culpable solo yo.
Por fin, la última canción estaba sonando. Lo busqué entre la gente que se dispersaba y rogué que no se hubiese marchado, me arme de valor y caminé hacia él. Cada día recuerdo la pregunta que me lanzó a quemarropa. Humillada, respondí que no. No me pasaria la noche entera rodeada de hombres. Creí que nunca me sentiria tan avergonzada como en ese instante, pero me equivoqué. Junto a él, esa sensación se mantendría intermitente. Si me hubiese detenido un momento a pensar en que tal vez yo no debía traspasar la atmosfera que lo rodeaba, quizas hubiese podido evitar esos tragos amargos que yo misma preparaba. Pero no pensé. Mis ideas fueron desplazadas por la necesidad de que él me envolviera.
Yo habia experimentado sucesos nefastos para mi autoestima, mi confianza, y hasta podemos incluir a mi alma en el paquete de "articulos psicosomáticos desgarrados por mi ingenuidad ". Yo había cambiado. No me di cuenta que quizás esos eventos habian disminuido mi capacidad de discernir entre el deber y el querer. Debí pensar solo en él, pero solo quería pensar en nosotros al tomar las decisiones. Por eso no me paso por la cabeza que, por mis errores, el podria pensar que yo no soy lo mejor para él. Quizás, en el fondo aún lo cree.
Todos cometemos errores y, de vez en cuando, somos lo suficientemente honestos con nosotros mismos y pedimos perdón. Es común creer que pedir perdónes lo más dificil del proceso de redención. En realidad, recibirlo es lo que más hiere. Reconocer el altruismo y la condescendencia en la persona a la que has afectado te hace notar las miserias que se pueden ocultar en el alma humana. En tu alma. Hace que sea necesario que mires como realmente eres. Analizas como eres, como piensas, como actúas. Ninguna de las anteriores corresponde a lo que quieres ser. Yo estaba así, sostenida del aire, del espacio, de la nada. Por eso me he aferrado a él, para no tocar fondo.
Salimos de aquel lugar abrazados. No tenía planeado el beso que me dio. Por otro lado, tampoco tenia planeadas muchas de las otras cosas que ocurrieron y, sin dudas, de todas esa fue la mejor.
Y recordé que cuando lo veía por los pasillos, comentaba con mis amigos lo sexy que aquel espíritu libre me parecía. Sin embargo, al hacer esos comentarios sobre él, nunca pensé que se lo confesaría, probablemente debido al efecto de un par de tragos. Eso marcó el inicio de otras confesiones que no necesitarían alcohol como combustible, sino valor. También disposición a dejar que me conozcan como soy y esperanza de encontrar empatía en sus ojos, esos mismos que a veces no me atrevo a mirar. Este es el fin del inicio de lo que, a causa de tantos errores, no se acerca a la perfección. Se acerca a algo más costante, a la realidad.
Hoy me he dado cuenta de que busco aceptación incondicional, miradas calidas, besos sinceros, perdón inagotable, comprensión inexahustiva, amor cosntante y abrazos eternos. Cualquiera que piense que pido demasiado, debe saber que ofrezco lo mismo.




