He empezado el año llorando los errores que cometí, los que estoy cometiendo y los que inevitablemente cometeré. En un mundo perfecto yo aprendería de mis desaciertos. Pero estas equivocaciones son las que me arrojan diferentes matices para pintar el lienzo que es mi vida. Yo no me imaginaría mi vida de un solo color, por eso hay desiciones incorrectas que no me arriesgo a no tomar. Estas me hacen probar un efímero dulzor que tan rico se siente en mi boca. Aún sigo tirando mis redes al lado izquierdo de la barca y sé que por eso ese delicioso sabor a invulnerabilidad es solo pasajero.No me identifico con los que dicen que el destino los ha maltratado hasta quitarles la capacidad de sentir la vida que corre por sus venas. Yo aún sigo viva . Lo sé porque cada golpe aún me duele, cada alegria aún hace que mis ojos brillen como la primera vez y cada decisión incierta me hace sentir la libertad de los que estan condenados a morir, que dicen y hacen lo que los hace feliz.
Que no crea la gente que lloro solo por ti. Lloro por todos los que han pasado por mi, por los que han dejado huellas y por los que no. Lloro por la soledad que me acompaña, la estupidez que me guía y la ingenuidad perdida. No aquella inocencia que es determinada por la membrana que cubre mi vagina, sino la que me permitía creer en las palabras dulces, en la bondad de los actos y la veracidad de los gestos y miradas.
Ya de mis ojos no caen más lagrimas. Ahora me toca esperar que se sequen las que he derramado sobre este papel. Cuando esto ocurra, leeré lo que he escrito y conoceré más de mi.

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