domingo, 29 de julio de 2007

Más de Mi...

Era jueves, y el sol aún no había salido, cuando ocurrió el acontecimiento más significativo de mi vida: nací. Dos días después me tomaron mi primera foto en brazos de mi madre y probablemente nunca me sentiría más protegida como en ese momento. Por eso, aún conservo aquella fotografía.

En República Dominicana, las leyes establecen que es preciso declarar a los niños lo más pronto posible, hay que registrar los nombres de los recien nacidos en las actas a más tardar 30 días después del nacimiento. Supongo que esto es para darles una identidad. Yo, particularmente, nunca he pensado que un nombre pueda determinar quienes somos. el mio, por ejemplo, no era especificamente para mi. Fue elegido por mi padre 20 años antes de conocer a mi mamá. Lo leyó en un poema épico que narraba las viscicitudes que atravesó un héroe de una guerra para volver a su país, al lado de la mujer -su nombre era igual al mio- que paso 20 años tejiendo y destejiendo las esperanzas de verlo de nuevo. Definitivamente, este nombre no era para mi -la tenaz, la inquieta, la pragmática y a veces hasta un poco supersticiosa-, estaba reservado para cualquiera que fuera la primogénita. Por eso, si hoy alguien me pregunta quien soy, aunque se que es mentira, probablemente conteste que soy Penélope, pero solo porque es más sencillo decir eso que explicar que yo soy todo lo que hago y todo lo que pienso dependiendo de las circunstancias en las que me encuentre.

Tuve el privilegio de recibir una buena educación. Desde pequeña, mis padres, tios y abuelos - biologicos y "postizos" siempre se preocuparon porque fuera a la escuela, hiciera o me hicieran la tarea y, sobretodo, que no llorara más de lo necesario. Admito que esto último era lo más díficil para ellos, porque la risa y el llanto son dos emociones que no puedo ni quiero contener. Me gusta reirme desde la barriga o llorar con el alma espontáneamente.

Tengo muchos recuerdos de mi niñez. Recuerdo que me acostaba en una colcha frente a la puerta delantera de la casa de mamá María a esperar a que mi prima pasara por la acera de en frente. Asi podria estar pendiente para llorar y pedir que me llevara con ella. Recuerdo el dia en que se fue del pais jurando no regresar y no olvido cuando volvió, arrepentida y con ganas de morir en su tierra. Así fue.

Siempre me han gustado los dulces, por eso me escabullía en la habitación donde mamá Maria tenia todos sus santos, para que me diera de los caramelos más buenos que he probado en toda mi vida. Esos dulces que extraño aún más cuando me pasa por la mente la idea de que ya no habrán más. Porque el tiempo no me lo permite, porque no se como regresar atrás, porque no he vuelto desde que murió Papá... porque siempre hay un "porque".

Algunas personas pueden decir que soy muy crédula, pero yo considero que simplemente me gusta confiar en lo que dice la gente. Por eso, un dia prometi no volver a brincar, por miedo a que, tal y como fui informada por mi tia, se me desprendieran las células de la juventud. Ahora, ya se que tal cosa no sucede, pero, por mera precaución, procuro no saltar si no es necesario.

A los 9 años empece a estudiar inglés. Para mi era un hobbie, y para mi papá simplemente un accesorio para mi curriculum cuando fuese necesario estructurarlo. Cuando cumplí 10 años, empece a estudiar en el Politecnico Maria de la Altagracia (POMAVID). Llegue allá en una de esas casualidades del destino que hacen pensar que alguna cosas ya estan escritas en nuestra historia personal. Alli pase 10 horas diarias, 5 días a la semana durante 6 años que, ahora, me parece que pasaron demasiado rápido.

A veces, me encantaria volver a ponerme ese uniforme que me quedaba tan mal y sin embargo, ahora me trae gratos recuerdos. Añoro volver a caminar por los mismos pasillos, reirme de los mismos chistes. Seguro tomaria las mismas clases y me quejaria igual de los profesroes. Saldria más con mis amigos y, quizás, lloraria menos en los funerales a los que asistimos. Lo que si puedo garantizar es que disfrutaria plenamente el olor de los bizcohos que hacian los estudiantes de reposteria. Fueron 6 años perfectos porque, sin darme cuenta, crecí.

Es cierto que nada en la vida dura para siempre, porque, un buen dia, me gradué, como tecnico en turismo, por cierto. Sin tomar receso, que significaría un retraso, ingrese a APEC y continue mis estudios en la misma area.

Estudié locución, pero empece a trabajar en un "call center" el día de mi graduacián, asi que considero que conseguir ese titulo-adorno para mi curriculum es mi asignatura pendiente. Pero ahora me embarque en otro proyecto: aprender francés.

Algun día agregare más lineas a este texto y todas estarán llenas de autenticidad. He aprendido a expresar las mismas ideas delante de todos, aunque mi forma de reflejarlas se adapte al público al cual las exponga. Esto me ayuda a mantenerme fuera de inconvenientes fortuitos. Reconozco que las personas cambiamos dia a dia, y con nosotros cambian las relaciones que mantenemos con los demás. Porque todos somos distintos, porque el mundo es mundo y tiene que girar.

3 comentarios:

Mr.Pichon dijo...

esto lo escribiste para una clase d la uni y fue d las primeras cosas q me enseñaste...super jevi!

Anónimo dijo...

Jejeje, la pequeña Penelope (creo que te llegue a decir así en el pasado :P).
¿Te recuerdas de un fulano que te llevaba un curso dentro del Centro Educativo María Teresa Quidiello, al que luego tu, al igual que otros siguieron los pasos hasta entrar en el POMAVID?.
Jejeje, en el Pomavid los varones del curso en donde estaba ese fulano eran famosos (no todos) porque cuando querían "charlar" con 2 o 3, lo hacían con todos y por eso tenian famas de payasos y revoltosos.

Bueno, si aun no te recuerdas de ese fulano, la última pista que te daré es que es sobrino de la dueña del colegio referido más arriba, y además, su abuela vive al lado del edificio en el que alguna vez viviste (si acaso ya no vives ahí).

Anónimo dijo...

OMG, I know u!!!
tienes una hermana???
I used to go to that school!!