martes, 8 de mayo de 2007

Mi Pionero

No podía quitar la sonrisa estúpida que tenia en mi cara, y ver la que tenia él tampoco me ayudaba. -Entonces, ¿Cual es la respuesta?- me dijo. Yo no lo podía creer. Tantas veces lo había soñado de tantas formas distintas, todas extremadamente románticas y significativas, y ahora que se presentaba era tan sencillo. Sin embargo, yo leía entre líneas un profundo significado en las palabras, en los gestos, en su mirada... Seria solo mi imaginación mezclada con todas las ilusiones que tenia de que el estuviera experimentando el mismo entusiasmo que yo.

Tenía tantas ganas de decir que si, pero este monosílabo no salía de mis labios porque no podía dejar de sonreír para articular esa palabra. No tuve más remedio que asentir con la cabeza y acto seguido el comenzó a hacer lo mismo. Sentados en sillas contiguas y mirándonos de frente, formábamos una imagen patética, pero yo solo podía sentir la magia... Al fin la palabra salió de mi boca, y cuando lo escuché preguntar: ¿Sí, a que si recuerdas la pregunta, o Sí es tu respuesta?, ya no aguantaba más. Eran los instantes más intensos que había vivido en mis 14 años, 3 meses y 11 días. Toda la exaltación que me producían esos momentos se debía a que los estaba viviendo con él. El mismo que unos momentos atrás trataba de entretenerme con historias de sus travesuras y explicaciones sobre el nombre de un puente. Yo escuché cada una de sus palabras con atención, y siempre con una sonrisa en mis labios. Reí de sus chistes, me maravillé con sus curiosidades, hice preguntas y comentarios que demostraban mi interés, aunque no podía evitar que de vez en cuando mi mente naufragara en pensamientos acerca del mundo que deje afuera.

No recuerdo qué dijimos después. Al revivir la escena solo me acuerdo de que las personas que antes estuvieron en la casa se marcharon porque tenían cosas que hacer. Y quedamos solos.

-Vamos a dentro-dijo, y entró en la sala, creo que apagó las luces y ahora estaba solo iluminada por la luz que venia del comedor. Me senté en el mueble y el junto a mí. "¿Qué hago?" era la pregunta que rondaba por mi imaginación. Sabía lo que iba pasar. Estaba preparada para un momento indeleble en mi pensamiento futuro, pero no sabia como reaccionar para hacerlo perfecto, para impregnarle a la ocasión parte de mi, que la distinga de las demás que el tuvo. Para que el momento no fuese solo mío, sino de los dos.

Abrazó mi cintura con un brazo y rodeó mis hombros con el otro. Sentí que era mío. Lentamente acercó su rostro a mi cara y aquí llego la hora de hacer algo para que él recordara aquel momento. Para bien o para mal lo detuve justo antes de que sus labios tocaran los míos. Probablemente hubiese sido mejor permanecer callada, dejar que él uniera su boca a la mía; pero entonces no hubiese sido yo. Así que tuve que hablar. Estaba tan nerviosa que solo logré balbucear un par de palabras que apenas yo entendí. Pero el captó el mensaje, aunque no mi intención. Dijo que no era algo que el pueda enseñar, sino mostrar, y dos segundos después besó mis labios y lentamente su lengua se deslizó dentro de mi boca. "¿Y ya? ¿Esto es todo?" Pensé que este intercambio de fluidos seria algo más impactante. Como si hubiese leído mi pensamiento de inconformidad, se detuvo. - Pero has algo- solicitó con una sonrisa en los labios y su tono era un amalgama de burla, reproche y empatía.

Lo intentamos una vez más y en esta ocasión procuré prestar menos atención a mis pensamientos y más a su consejo. Hay momentos en la vida en los que para poder disfrutar solo debes reaccionar, permitir que tus instintos guíen tus movimientos y dejar a tu razonamiento guardado en un bolsillo, para que no interrumpa tu felicidad. Yo comprendí esto y por eso me dejé guiar por él...

1 comentario:

Unknown dijo...

no importa quien sea, cuando o donde el primero es el primero.... pero no el definitivo ni el mas impactante.... verdad??!