
-¡Es a ti que te tengo que pedir cuentas!¡Es a ti!- Gritaba tu padre a todo pulmón mientras tú solo podías escribir para descargar el peso de la impotencia sobre una hoja de papel. Sabias que él se calmaría o que por lo menos iría a la otra habitación a gritarle a alguien más.
-¡Mediocre!- Esta vez te dolió, pero que le vas a hacer, si nada valen tus palabras frente a él.
-¡Estás en el mundo solo para que haya más gente!- Ahora si que mejoró la situación, se le unió tu madre, y si en este momento tus profesores y vecinos se unieran también, formarían un orfeón de reproches exasperantes. Pero tú seguirías escribiendo, ¿verdad?.
-¡Pero no fui yo!- Estúpido, te dices a ti mismo en el momento en que las palabras eran impulsadas por tu lengua y moldeadas por tus labios para salir y convertirse en una inútil exclamación que provocaría aún más furia, y que tu padre hiciera lo que el llamaba "tomar cartas en el asunto". Mientras tu madre ahora se arrepentía de haberle dicho que no llegaste a dormir ayer, después de todo tu padre tampoco llegó, antes de preguntarte cómo, quién y por qué tienes esos moretones en la cara y esas marcas en la espalda. Probablemente ninguno se halla dado cuenta aún de que hoy te falta un dedo, y es normal que te preguntes si alguna vez les importó que tuvieras diez o veinte, corrijo, ahora solo 19. Por eso tampoco importa que hiciste o que no, no te van a creer; así que dejas de escribir, guardas el papel en tu bolsillo izquierdo y sales corriendo. ¿A dónde? A los lugares donde anduviste ayer. Corres, pero no hay nadie detrás de ti, y entonces empiezas a recordar. Digo recordar, aunque se que nunca has podido olvidar cómo decidiste escapar de la realidad infernal en que vivías y comenzar a caminar entre sueños. A pasar tiempo con personas que soñaban igual que tú.
Todo era genial, lo siento, se que es una palabra cursi, y tu tienes las emociones a flor de piel, pero cursi no eres , la vida te ha enseñado a no serlo...Voy a tachar la palabra. Todo iba a pedir de boca hasta que tus sueños empezaron a obstaculizar tu horario escolar, y entonces tuviste que elegir, ¿soñar o estudiar? No fue difícil decidir, pues en la escuela no te iba muy bien, y ahora que empezaba a estorbar decidiste ir menos. No podías dejar de ir por completo, tu y yo sabemos que parte de las actividades que requerían tus sueños las realizabas allí, y también sabemos que estudiar no era una de ellas. Además, por qué dejar de ir si ya no tenias que temer, porque ahora tus amigos soñadores te podían defender de esos que antes te sometían ¿Ahora quién es el verdugo de los inocentes? Tú, porque todos los que eran tus compañeros te tienen demasiado miedo.
En este momento te ríes tristemente porque ese miedo nunca fue hacia ti, sino a esos que ahora llamas amigos; y lo que tu creías respeto no era más que un amalgama entre decepción y desinterés. Porque, ahora que lo piensas bien, si cuando llegabas todos se iban, no era para darte privacidad. Era porque ya se les habían acabado los argumentos para hacerte recapacitar, y sucumbieron ante la indiferencia. Pero eso a ti te daba igual, estabas cegado.
Tú y tus amigos soñadores estaban muy ocupados haciendo trabajitos para cumplir sus sueños de grandeza, porque el fin justifica los medios. Al menos eso te decían a ti, y bien sabes que llegó un momento en que se te olvidó cual era el fin y los medios se volvieron cada día más complicados, pero tu nunca dijiste que no. Nunca habías dicho que no, hasta ayer...
Era simplemente matar, llevarte un par de billetes y un reloj para que la policía creyese que fue tan solo un asalto. Que la victima se resistió y le regalaron un pasaje sin regreso al más allá. A cualquiera le hubieses hecho ese favor, ¿qué te han hecho para que consideres morir como un favor?. No, no contestes, eso ya lo hemos discutido antes, y por más que te diga que nada es tan malo como para querer que tu corazón deje de latir, siempre me vas a contar un nuevo y doloroso fragmento de tu historia. Por eso es que ahora tienes estos amigos, porque ya no querías sentir más dolor, pero dime ¿acaso ahora te va mejor? Besar al peligro sin probar su veneno te hacía sentir invencible, pero lo hacías para escapar de lo que en verdad te afecta. Así es como ves la muerte, como un escape. Por eso tu temeridad, valentía, osadía o como prefieras llamarlo siempre me ha parecido tu mayor debilidad.
Es mejor continuar la historia, pero ya que hablamos de arrebatarle la vida a alguien, ¿recuerdas cuantas veces lo has hecho? Sé que no, y tal vez sea mejor así, porque a veces tienes problemas para conciliar el sueño. A pesar de eso, por tus labios nunca ha cruzado la palabra arrepentimiento, porque todos merecemos morir.
Por eso dime qué pasó aquella noche. El tipo era policía y le había hecho pasar un par de malos ratos a uno de tus amigos soñadores. Y no a cualquiera, sino al que te indicaba qué necesitabas para vivir tus sueños. Aunque aún no me has dicho cuales son tus sueños, para este momento ya todos sabemos que tus actividades no eran lícitas. El poli estorbaba, ¿Qué más justificación necesitabas para enviar al cretino oficial al infierno? Sin duda iría allí, al igual que tú y tus amigos. Aunque eso no te preocupaba, porque sobretodo se iría él. Y entonces si tendrías valor para cobrarte todas las que te ha hecho. A ti también te había hecho daño, y aun así no hiciste nada.
Tu solo buscas tus sueños, en cambio él, descomponía los sueños de su mujer. Tú sabias que la pelirroja que iba a su lado no era su esposa. ¿No lo quisiste hacer porque iba con una muchacha en el brazo? ¡No!. Con o sin chica, siempre cumplías tu labor. Si la necia no salía corriendo, entonces te divertías más, porque así tú y tus amigos tenían algo más que sueños para compartir... Pero, entonces, si ya todo esto lo habías hecho antes, ¿Qué era diferente esta vez? ¿Por qué ayer dijiste que no?...
Porque quien caminaba por el callejón, del brazo de la meretriz barata y listo para ser devorado por una bala a quemarropa, era tu padre. Por eso dijiste que no. Porque, antes de todo, ellos eran tus amigos y te iban a comprender. Sabías que la traición los molestaba en sobremanera, pero ¿cómo ibas a saber que no asesinar a tu padre era traición?
Ellos dejaron que tu padre y su chica siguieran su camino. Él nunca se percató de que ustedes estaban ahí, quizás porque estaban bien ocultos, o quizás porque la pelirroja lo tenía bastante entretenido. Como querías, a tu padre lo dejaron ir, pero entones decidieron ocuparse de ti. Dijeron que te iban a enseñar una lección y tu sabes que mientras vivas no la vas a olvidar. Basta con ver tu mano izquierda para que recuerdes exactamente lo que tus amigos te quisieron enseñar.
Tú continúas tu recorrido por tu pasado reciente y mientras te preguntas cuándo tu sueño se convirtió en desazón, escuchas a la policía. Piensas en correr, pero ya es tarde. Mientras se acercan te tranquilizas, al saber que hoy no has hecho nada, y por todo lo demás no tienen pruebas contra ti.
Pero, espera, ayer no entregaste el paquetito, y aún lo tienes en los bolsillos. No piensas ni un segundo y empiezas a correr, sacas tu 9 milímetros y disparas sin siquiera apuntar. ¡Que suerte tienes, le diste a uno en la pierna! Pero el otro te descargó el revolver en la espalda y mientras respiras tus últimos instantes en este mundo, caes al suelo y sale de tu bolsillo un papel con el que tu madre llorará después, una caligrafía que cubre ambos lados de la página: "Vivir nuestros sueños es a veces más difícil que luchar por ellos. Yo no he tenido la oportunidad de experimentar lo primero y sé que no es correcta la forma en que hago lo segundo”. Pero de esto tú no te vas a enterar. Solo tienes tiempo para pensar que ahora vas a dormir para siempre; o tal vez es ahora cuando en verdad vas a despertar.

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